-Soy...soy…- escuchamos. -Soy... soy... Juan-. Nadie se atrevía a preguntar “qué Juan”, por temor a resultar irrespetuoso. Siempre quisimos mantener buena relación con los espectros desconocidos.-Soy Juan Crisóstomo...-nos confesó el espíritu, completando información indispensable para mantener cualquier tipo de dialogo como la gente. Sabíamos su nombre pero no estábamos seguros sobre qué preguntas debían hacerse a un aparecido. Que preguntar? Viste una luz? Hay vida después de la muerte? Es cierto lo que cuenta Sueiro?
Pero quien tomo la palabra fue Damián. Puso pose y actitud de familia, e interrogo al espíritu: oh! aaancestral aaalma itineraaante! Eres de apellido Lafinuuur?
-Para servirlo- ...Caray! Estábamos conversando con el mismísimo Juan Crisóstomo Lafinur!!! Aquel que dio nombre a la calle donde Damián vio crecer su (ahora ausente) cabello de niño!!! Nos hallábamos absortos. Apenas llegábamos a comprender que estábamos en conexión con el mas allá, cuando dos figuras más comenzaron a materializarse, una a cada lado de Lafinur.
Tardamos unos segundos en darnos cuenta que también se trataba de formas humanas. El espectro de la derecha esgrimía una sonrisa persistente, como clavada en su rostro. El de la izquierda vestía una chomba con el número "86" grabado en el pecho.
¿86? Pero quienes son estos? - Pregunto Gabi. Y luego de un silencio incomodo, ajustamos el oído y comenzamos a escuchar voces lejanas gritando consignas. Poco a poco aquellas voces fantasmales se hicieron más entendibles. No pagaremos!!! No!!! No pagaremos mas al FMI!!!... y luego: …venimos ganando en la mesa 86 de Necochea!!!....
Por dio! -gritó Gabi- pero si son Alberto y Adolfo Rodríguez Saa escoltando a Lafinur!!!
Lafinur y los Saa nos llevaron volando por la inmensidad de los Andes y volando vimos cosas increíbles.
Palo insistía en utilizar sus botitas de treaking como esquíes (NA: leyendo esto descubrí que tengo una tendencia recurrente al patinaje en las travesías eStremas).
También vimos a Marito anunciando: vayamos hacia el Norte!, al tiempo que encaraba de cara al sol en pleno atardecer.
Divisamos la carpa y la encontramos hinchada, como queriéndose escapar de si misma, frente a las poderosas flatulencias de Damián. Esos gases no son de este mundo, murmuro Lafinur. Yo taparía el escape con algo oblongo, opino Adolfo Rodríguez Saa con la vista puesta en el horizonte, como recordando algún episodio lejano.
Luego nos vimos a nosotros mismos dentro del auto, en el que también estaba Luis Miguel cantando a coro con nosotros! Eso sí que fue surrealista…
La situación se tornó cada vez mas extraña, viciada de aires impuros y situaciones imposibles. Sin anunciarse, una fuerza desconocida se arremolinó sobre nosotros sumergiéndonos aún más en aquel mundo inexplicable. Quedamos los cuatro solos, flotando en un realidad cada vez más transparente, más etérea, cuando notamos que algo bastante singular ocurría a la altura de nuestras ingles. Cada uno de nosotros vio su propio testículo derecho crecer alcanzando las dimensiones de una pelota de tenis. Nos miramos asombrados, pero el crecimiento siguió su curso, llegando al tamaño de una naranja y luego de una sandía. Nuestro testículo derecho creció y creció, palideciendo primero, e iluminándose después. Llegó a un tamaño increíble y cada uno de nosotros fue absorbido por su testículo, que ya había adquirido un brillo enceguecedor. Ya nada importaba, todo estaba bien… solo éramos huevos luminosos flotando en el éter...
Fue una experiencia rara...


Damian


